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Ciclo de la experiencia de la Gestalt (I)

Ciclo de la experiencia

Hoy me propongo explicar un concepto que no proviene de la Facilitación o de la Mediación, si no de la Gestalt. Se trata del “ciclo de la experiencia” o “ciclo gestáltico“. Con él, la teoría de la Gestalt trata de explicar como cualquier persona trata de satisfacer sus necesidades.

Ya comenté en el artículo “El colibrí”  que las personas podemos ser “vistas” como un grupo en su conjunto por las múltiples voces que pueblan nuestra mente. A su vez, la teoría de la Facilitación mira a los grupos como un ente vivo en sí mismo y que, como cualquier otro, debe satisfacer sus necesidades y objetivos para sobrevivir. Desde ahí, algunas teorías psicológicas pueden ser extrapolables a los grupos y algunas teorías de grupos a las personas. Es por esto que creo que el ciclo de la experiencia se acomoda a la teoría de grupos, pero es sólo mi opinión, que conste. Si una vez leído no lo veis así, por lo menos habréis aprendido un concepto que sí que es aplicable a cada una de nosotras.

Pues bien, para explicar este aspecto teórico lo haré con una imagen y un ejemplo que puede ayudar a entenderlo.

Empiezo por decir que según la Gestalt, las personas, desde que nacemos hasta que morimos, transcurrimos nuestra vida en un constante proceso de ir cubriendo necesidades. Algunas serán básicas como respirar, comer, beber, resguardarse del frío, reproducirnos, seguridad, etc. Otras tendrán que ver con nuestras aspiraciones personales respecto a la afiliación, el reconocimiento o la autorrealización (Pirámide de Maslow).

Pues bien, el ciclo de la experiencia trata de responder a la pregunta, ¿qué nos pasa desde que percibimos una necesidad hasta que la satisfacemos? Pues veámoslo con un ejemplo básico y una imagen de referencia.

Ciclo de la experiencia

Empiezo por decir que en el ejemplo vamos a completar el ciclo, lo cual corresponde a empezar en el cuadrito de arriba “Reposo/Retirada” con sus imágenes asociadas y continuar con los otros siguiendo las flechas rojas. Por el momento no le hacemos caso a esas palabras que hay justo al lado de las flechas rojas.

Pues bien, los mismos dibujos nos cuentan la historia. Estamos tumbados en la toalla en la cálida arena de la playa. Descansamos y disfrutamos de la jornada, reposando de nuestra ajetreada vida (reposo). Notamos en nuestro cuerpo los rayos del radiante Sol mientras nos bronceamos. Como llevamos ya un ratito, el sudor resbala por nuestra piel (sensación). Tomamos conciencia de esas sensaciones y percibimos nuestra sed y el calor que tenemos (darse cuenta). Esto nos impulsa a ponernos en marcha y nos activamos (movilización). Así que nos incorporamos nos acercamos a nuestra nevera portátil, la abrimos, agarramos una cerveza fresquita y nos la bebemos (acción). La sentimos en la boca y como pasa por nuestra garganta refrescándonos por dentro. Nos metemos en el mar para darnos un chapuzón. La sed y calor desaparecen (contacto). Cubierta nuestra necesidad volvemos a nuestra toalla (retirada).

¡Pues ya está! ¡hemos cerrado un ciclo de la experiencia! Fácil ¿no? Ojalá fuéramos con esta naturalidad viviendo nuestra vida y colmando nuestras necesidades. Pero la realidad dista mucho de ser así en nuestro día a día.

Y el problema no viene de fuera. La cuestión no es que se nos haya olvidado la cerveza y por ese motivo no podamos cerrar el ciclo. O que aun trayendo la nevera alguna amiga/o se la haya bebido y no haya pensado en nosotras (grave conflicto; pero eso sería otra cuestión).

El verdadero problema emana de dentro. Y es que en muchas ocasiones nos boicoteamos nosotras mismas. Es más, solemos hacerlo continuamente y de formas muy diversas aunque repetitivas en cada una de nosotras. Es decir, solemos utilizar los mismos mecanismos una y otra vez. La mayoría de las veces, por no decir todas, inconscientemente. Y a estas formas de proceder de auto-boicoteo la Gestalt las llama “mecanismos neuróticos“. Son todas esas palabritas a las que al principio os dije que no le hicierais caso.

¿Os digo un secreto? Todas las personas hacemos esto de una u otra forma. Todas tenemos nuestros propios mecanismos neuróticos. Es decir… ¡cha channn! TODAS SOMOS NEURÓTICAS.

Y por ahora lo dejo aquí.

Explicar esas palabras del dibujo, esos mecanismos neuróticos merece darles el espacio suficiente y de hacerlo aquí en este mismo artículo supondría que se extendiese demasiado. Así que os invito a continuar con este tema en mi próxima publicación. Consideradlo como el segundo capítulo de una de esas series de Netflix que tan de moda están ahora y tanto nos gustan.

¡Uy! ¡Parece que estoy interrumpiendo algo! ¿Será un ciclo de la experiencia?

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