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Al final al juzgado.

Juzgado

Ayer me llamó mi abogado para comunicarme una propuesta de acuerdo que me hacía la otra parte para no llegar a juicio. Su alternativa, a estas alturas no me complace, así que me temo que tendremos que ir al final al juzgado.

No es este el espacio para entrar en detalles sobre el pleito en el que ando inmerso. Tan sólo decir que han sido más de tres años de desavenencias con la otra parte que han dado como resultado esta desagradable situación.

Pero de lo que quiero hablar no es del motivo del litigio, ni de si la otra parte es tal o cual, sino de lo que me ha pasado a mi con todo este proceso.

¿Y qué me ha pasado? Pues la primera pregunta que me hacía cuando estaba en medio de todo este lío era… ¿Cómo siendo mediador y facilitador me puede estar pasando esto a mi? ¡Menudo facilitador que soy! ¡Yo, que me dedico a esto y mira, no puedo con ello! ¡No sé cómo abordarlo!

He tenido que reflexionar mucho en este tiempo para poder dejar atrás este tipo de cuestionamiento de mi profesionalidad que en el fondo sólo me llevaban a maltratarme a mi mismo y hacerme sufrir. Y sí. He podido responderme y entenderme algo mejor. Incluso creo que me ha ayudado a crecer como profesional.

Analizando cómo me sentía, dándome escucha y auto-empatía y con ayuda externa, me di cuenta de varias cosas.

Primero de todo… LOS CONFLICTOS NO ME GUSTAN. Menudo descubrimiento ¿no? ¿A quién le gustan? Y curiosamente amo mi profesión en la que los conflictos son, la mayoría de las veces, la “puerta de entrada” que me lleva a trabajar con los grupos y ganarme la vida con ello. ¿En qué momentos una organización va a buscar un mediador/facilitador? Pues cuando tienen problemas o conflictos. Así que si no querías café, pues te tomas dos tazas.

También he aprendido que es precisamente esta persona, que tanto me ha removido emocionalmente, la que estaba reflejándome y poniéndome delate de mi mismo los aspectos de mi personalidad que más niego y reprimo. Esas partes con las que temo entrar en contacto. Que me da miedo explorar y que por eso mismo me limitan en mi propia libertad. Esos roles y energía que seguramente despliego precisamente desde la mayor inconsciencia. Roles con los que posiblemente dañe a los demás y que sólo desde actuarlos conscientemente podré manejar y me harán más completo. Ese difícil camino de incorporar (hacer parte de mi cuerpo) mis partes negadas. Camino en el que ando.

Me ha enfrentado con mis propios límites. He visto mi cuerpo temblar involuntariamente y cómo se quebraba mi voz en momentos de enfrentamiento sin poder hacer nada para evitarlo. Haciéndome sentir ridículo y muy, muy vulnerable. Teniendo que sobreponerme a lo más físico, a lo que mis células y corporeidad animal dejaba traslucir.

Me ha ayudado a ver cuáles son mis estrategias para eludir, no ya este conflicto, sino otros más cotidianos. Qué me digo a mi mismo para minimizar o escabullirme de ellos. Cómo trato de manipular la situación y a mi mismo para no exponerme. Qué me cuento para justificar mi modo de actuar o para conformarme con algo que no me parece justo. Cuáles son mis estrategias más habituales.

También cómo mis propios pensamientos hacían más grande de lo que era la situación real. Cómo me mantenían en el sufrimiento anticipando lo que pasaría o dejaría de pasar. Cómo alimentaban mis miedos esas ideas . Tal cual decía Santa Teresa, “la loca de la casa” jugándome malas pasadas. (No dejéis de ver el vídeo al final del enlace).

A su vez también me ha conectado con aspectos míos que me agradan. En la mayoría de las ocasiones, mi templanza ante la provocación, muy entrenada desde niño. Mi auto-control para no dejarme llevar por la situación. Mi perseverancia ante la urgencia por huir y mi decisión de enfrentar a esa persona las veces que hiciera falta, por mucho trabajo que me costara.

Especialmente me ha conectado con el CORAJE y como muy bien sé por mi formación en Gestalt con el “AQUÍ Y AHORA”. Dos apoyos que para mi son fundamentales en este momento. A los que también añado la AUTO ESTIMA y el RESPETO PROPIO.

Con todo esto en mi mochila y desde mi experiencia, ya puedo decir que, si uno es parte en un conflicto que te mantiene en el sufrimiento, difícilmente podrás gestionarlo sin ayuda externa. No es cuestión de habilidades, conocimientos, experiencia,… Todo eso puede ayudar a tener cierta perspectiva pero resulta casi imposible no verse arrastrado por la situación y la emocionalidad que esta despierta en uno.

También tomar conciencia de que no todos los conflictos se pueden resolver a través de la negociación, la conciliación o la mediación, por mucho que uno abogue por ello, teniendo en cuenta que la resolución en esos casos depende más de las partes en litigio. Es claro que, sobrepasados ciertos límites, sólo estamentos de arbitraje o judiciales en los que una tercera persona dirime entre las partes, pueden abordar la conflictividad.

Por último, traer conciencia de que son los conflictos los que aportan esa tensión evolutiva que te permite conocerte mejor y crecer. Es desde ahí que ahora me siento más capaz de entender a las partes porque he podido entenderme algo más a mi mismo.

Así que SÍ. Ya que no supimos o pudimos llegar a un acuerdo… al final al juzgado, que para eso está.

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4 comentarios en «Al final al juzgado.»

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