¿Confianza? Llegó el momento de establecer límites.

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A raíz de al entrada anterior titulada “Una cuestión de confianza”, me han planteado algunas cuestiones que me llevan a continuar con este tema y hablar de los límites.

A modo de resumen de las cuestiones que he recibido me gustaría abordar la siguiente:

Ángel, ¿qué se puede hacer cuando has perdido la confianza varias veces con la misma persona? La persona acepta los nuevos acuerdos diciendo: sí, sí, sí, pero luego mantiene su línea de conducta”.

En mi opinión, llegados a esta situación se ponen en juego diversos elementos.

Por un lado todo lo que tiene que ver conmigo ante lo que pasa: ¿cómo me afecta a mi este incumplimiento de los acuerdos? ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a tolerarlo y por qué? ¿Cómo de importante es la otra persona para mi vida? ¿Qué acciones estoy dispuesto a realizar y cómo me afectarán sus consecuencias?

Por otro lado lo que tiene que ver con la otra persona: ¿qué dificultades tiene para cumplir los acuerdos? ¿Hay algo ajeno a ella que le esté afectando para no poder hacerlo? De tomar alguna acción por nuestra parte ¿En qué situación queda ella?

¿Por qué hacerse todas estas preguntas y tal vez algunas más? Pues porque ha llegado el momento de establecer límites. Para ello, tenemos que tener claro el contexto en el que se está produciendo esta situación para actuar consecuentemente.

El objetivo es pasar a la acción, pero no para tomar revancha o hacer daño a la otra parte, que suele ser lo más habitual, sino para protegernos nosotros mismos. Al fin y al cabo es como cuando alguien intenta agredirte y debes defenderte siendo esta respuesta proporcional a la agresión y sólo para salvaguardar tu integridad.

Y esta acción, este establecer límites, no se hará de la misma manera si la persona en cuestión no cumple los acuerdos por voluntad propia o si hay circunstancias ajenas que se lo impiden, si esta es una persona importantísima para mí o no lo es tanto, dependiendo de qué consecuencias traerá para ambos, de qué nivel de tolerancia tengo yo ante esto; etc.

Una vez “dibujado” este marco de referencia será el momento de implementar la decisión tomada previa comunicación a la otra parte. Pero lo más importante es que, como es normal, se tendrá que asumir la responsabilidad de lo que hagamos.

Pensando en una situación propia que traer para ejemplificar lo que digo, recuerdo una vivida en mi adolescencia con la “pandilla” de amigos de la playa.

Obviamente, en aquel momento no actué teniendo en cuenta explícitamente las premisas que propongo en este artículo. Sin embargo, al analizar lo que hice, entiendo que, de forma intuitiva, se ajustó bastante a lo que he explicado.

Digamos que con bastante frecuencia la dinámica de “diversión” que teníamos en el grupo consistía en hacer mofa de otras personas ridiculizándolas. Así pasábamos el tiempo ¡qué le vamos a hacer! Como dice el refrán: “cuando el diablo no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo”.

Yo sentía cierta incomodidad con esta situación aunque reconozco que participaba de ella, entre otras cosas, porque como adolescente necesitaba ser aceptado y sentirme parte del grupo. Aquél verano ya estaba algo saturado con este “jueguecito” y estaba llegando a mi límite. La gota que colmó el vaso fue cuando tomaron a mi abuelo como “el objetivo” de las chanzas.

La primeras veces intenté desviar la atención a otras personas, cambiar el foco de las mofas. Pero mis “amigos” cuanto más claramente percibían mi molestia al respecto, más insistían. Llegado un punto, enfadado, pedí que dejaran a mi abuelo en paz, cosa que no ocurrió. Así que tuve que hacer algo y… no, no fue liarme a puñetazos con nadie. No tenía la fortaleza física para ello ni nunca fui de carácter belicoso. Así que mi estrategia en este caso fue tomar distancia del grupo y buscarme otros amigos con los que disfrutar del verano.

¿Cuáles fueron las consecuencias que asumí y de las que me responsabilicé? Pues hacer piernas en la bici, ya que mi nueva pandilla estaba en otra playa que se encontraba a unos 4 km de distancia. Pasé el resto del aquel verano echando viajes y los siguientes me desplacé en moto al principio y coche después.

Analizando esta situación desde lo que tenía que ver conmigo podemos decir que la situación se hizo intolerable para mi, que aquella pandilla no era tan importante y que estaba dispuesto a desplazarme hasta la otra playa.

Desde lo que tenía que ver con ellos era obvio que no había una razón de peso para que mantuvieran esa forma de diversión y por otro lado, mi acción apenas tendría consecuencias para ellos.

Es obvio que otra persona en mis circunstancias podría haber tomado otras decisiones. Cada cual actúa en cada momento posiblemente de la única manera que sabe hacerlo según lo que pasa, nuestra personalidad y nuestra experiencia vital. ¡Viva la diversidad!

También decir, que lo importante al final es que todos asumamos las consecuencias de lo que hacemos dentro del aprendizaje que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida. Nunca desde la culpa sino desde el crecimiento personal.

Por último, ahora puedo decir que aquella decisión me trajo mucha sana diversión, felicidad y unos excelentes amigos que aun conservo.

3 comentarios en “¿Confianza? Llegó el momento de establecer límites.

  1. Cada escrito que publicas, me llega al alma, parece además coincidir con el momento que yo estoy viviendo, desde todos los enfoques. Gracias por tus sabiduria que a mi hoy me ha liberado y ayudado. Un abrazo y sigue por favor.

  2. Me emocionan tus palabras Lina y me animan a seguir con esta tarea. Ya habría merecido la pena escribir estas reflexiones aunque sólo fuese por esta respuesta. Un abrazo infinito.

  3. Me encanta leerte. Qué difícil es responder de la forma adecuada, con la intensidad adecuada y en el momento adecuado cuando nos sentimos así, pero soy de los que piensa que cuando tomas la decisión del cambio vienen también nuevas oportunidades. Intentaré seguir tu consejo y seguir con mi propio crecimiento personal tratando de entregar la culpa. Te recomiendo un cuento que se llama “así es la vida”, porque la vida es maravillosa y no nos la podemos perder. Un abrazo fuerte.

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