Cómo llegó la facilitación a mi vida.

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Hoy quiero hablaros un poco de mi. En concreto me gustaría compartir con vosotr@s cómo he llegado a ser facilitador de grupos.

Todo surge con uno de los acontecimientos sociales más relevantes de los últimos tiempos en nuestro país, el 15 M.

Sí, yo también fui uno de los numerosos ciudadanos que, sin saber muy bien cómo, me sentí convocado a reunirme con otras personas en la plaza de mi ciudad.

Hasta entonces digamos que había llevado una vida que podríamos calificar como “normal” dentro de nuestra cultura. Mi familia, mi trabajo, algún viajecito cuando podíamos permitírnoslo y poco más. Nada destacable en mi acomodada vida diaria.

Cuando “aterricé” en la plaza no había ningún tipo de organización detrás que nos dijera qué debíamos hacer y cómo organizarnos. Mirabas a tu alrededor y, mayoritariamente, veías a personas que simplemente querían un cambio; que estaban cansadas y hastiadas con la situación social, económica y política que nos rodeaba.

Nunca me hubiese considerado un activista político. ¡Jamás había participado en ninguna manifestación! Y allí estaba, al principio hasta con un poco de vergüenza, manifestando mi descontento coreando las famosas consignas de aquellos días: “no hay pan para tanto chorizo”, “no nos representan”, “vamos despacio porque vamos lejos”, “lo llaman democracia y no lo es”, etc.

Como en la vida de cualquier otro grupo los inicios los vivimos con un entusiasmo enorme. Participaba de un sueño colectivo que pensaba se estaba haciendo realidad. Estábamos en una fase de enamoramiento en la que todo iba rodado.

Con el transcurrir de los días empezamos a organizarnos según las habilidades personales de cada cual. Al poco tiempo esto generó estructuras más permanentes que ayudaban a sostener la acampada. Habían personas que se encargaba de la relación con los medios, otras de las cuestiones informáticas, otras de cuestiones de intendencia, etc.

Todo rodaba con bastante facilidad desde la colaboración y el apoyo mutuo y me sentía feliz.

Llegados a un punto, empezaron a surgir las primeras discrepancias. Las asambleas se organizaban de la mejor manera posible. Tomábamos las decisiones que cada momento requería no siempre con el consenso suficiente o incluso, con fuertes discrepancias acalladas por los votos mayoritarios.

Pronto las diferentes posturas generaron conflictos y nos dividieron. Yo, junto con otr@s compañer@s me vi envuelto en uno de ellos. La fase idílica del principio había acabado. Empezábamos a mostrarnos tal como éramos y a manifestarse con mucha claridad la diversidad de opiniones y enfoques que había dentro del grupo.

Estando en este punto, un día visité la “acampada” de Murcia y allí me enteré de que había un taller de Facilitación. Me llamó la atención y decidí participar en él.

Con lo poco que experimenté en aquel evento comprendí que eso era lo que necesitábamos. Alguien que entendiera qué estábamos viviendo como grupo y que nos acompañara en el proceso.

Este fue el primer contacto con lo que hoy día es mi profesión. En este taller conocí al que fue mi primer profesor, hoy compañero, y comenzó un largo camino de formación y transformación personal que me ha llevado a donde estoy.

Creo que no hace falta narrar el devenir del 15 M, pues, vivido desde dentro o desde fuera, todos más o menos lo conocemos.

Los procesos por los que pasamos fueron muy similares a los vividos en el resto del país. Con sus diferencias, los mismos patrones se repitieron una y otra vez en la vida de las diferentes acampadas de España.

El 15 M fue una gran escuela para muchos, especialmente para los que después hemos entendido, a través de nuestra formación, que los grupos son un ente en sí mismos. Que si bien las personas que los forman los influencian, también estas personas están influenciadas por ellos. En ellos hay un dar y recibir recíproco. Que de alguna forma tienen vida autónoma y sus propios procesos evolutivos.

Cada grupo tiene su propia cultura como la tiene cada sociedad y, como seres sociales que somos, contribuimos día a día, de forma consciente o inconsciente, a construirla de forma colectiva al mismo tiempo que somos “construidos” por ella.

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