El miedo es el cuarto más barato de la casa.

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Vivimos tiempos de cambio e incertidumbre. Los modelos que hasta no hace tanto sostenían nuestro tejido económico y empresarial empiezan a resquebrajarse. Nuevas palabras resuenan a nuestro alrededor. Desde términos que ya podríamos calificar de viejos y que apenas tienen unos años, como: “comercio electrónico”, “externalización”, “deslocalización” “banca on-line”, etc; a otros que se abren paso como: “economía circular”, “auto explotación”, “economía colaborativa”, “falsos autónomos”, “economía del bien común” o “decrecimiento”, etc.

El mundo empresarial anda buscando modelos más productivos que los actuales. Para ello hacen prácticamente cualquier cosa. Si es posible, trasladan sus factorías al otro lado del mundo donde los costes de producción son mucho menores. Si no lo es, procuran externalizar tareas o procesos, descargándose de responsabilidades y costes. En cualquier caso los principales perjudicados en todo esto suelen ser los trabajadores a los que en definitiva, les toca trabajar más por menos.

Y es que, se está produciendo una huida hacia adelante. Se está tratando de encontrar una salida desde este insostenible modelo de continuo crecimiento que ha mantenido la economía en éstas últimas décadas. Actuar desde este viejo paradigma supone, precisamente, el mayor peligro al que nos enfrentamos.

En general, ¿Por qué estamos todos deseando que llegue el fin de semana? ¿Por qué ansiamos poder disfrutar de nuestro permiso vacacional? ¿Por qué nos pasamos los años planificando nuestra jubilación? Algo no estamos haciendo correctamente cuando para sentirnos bien y poder disfrutar de la vida tenemos que limitarnos a los periodos extralaborales.

Curiosamente en esto tiene mucho que ver la manera actual de dirigir las empresas y negocios y afecta tanto a directivos como a trabajadores. Todos deseamos que las cosas sean diferentes y, al mismo tiempo, perpetuamos la situación como si una fuerza externa nos obligara a ello.

Dijo el poeta persa Hafez-e Shirazí: “El miedo es el cuarto más barato de la casa. Me gustaría verte viviendo en mejores condiciones”.

Nos encontramos ante un desafío. Una encrucijada ante la cual sólo tenemos dos opciones ir hacia atrás o hacia adelante, hacia el colapso o la evolución.

Mucho me temo que la involución que estamos observando provienen de este miedo y de una inercia que no nos permite abrirnos a otras posibilidades.

Afortunadamente, también veo que hay personas, organizaciones y empresas que no se acomodan a vivir en ese “cutre cuarto de la casa” y aspiran, poniendo energía en ello, a vivir en mejores condiciones.

Existen casos reales de empresas que están implementado modelos alternativos que les ha aportado grandes beneficios, y no sólo económicos. Tenemos espejos en los que mirarnos para aprender de sus experiencias y apostar por nuestras propias alternativas adaptadas a nuestro entorno y cultura empresarial.

Por esto quisiera nombrar dos ejemplos dejando a vuestra curiosidad el indagar sobre ellos.

Uno es una fábrica francesa de diseño y fabricación de piezas para la industria automovilística y otros sectores llamada FAVI (información complementaria). El otro es Buurtzorg (información complementaria), una empresa de atención sanitaria domiciliaria de Holanda.

En cualquiera de estos dos casos, se apuesta por la responsabilización y autogestión de los equipos de trabajo y, sobre todo y más destacable, por la integridad de las personas. Hasta tal punto, que son los propios trabajadores quiénes toman decisiones tan importantes como: a quién se contrata, si se crean nuevos equipos de trabajo, que proyectos se abordan o incluso qué salarios se establecen a sí mismos.

Entender cómo funciona cualquiera de ellas es como asomarse al futuro. Al menos al que yo aspiro. Es abordar el trabajo desde un nuevo paradigma en el que las personas, que son las que a fin de cuentas sostienen las empresas, son el centro, lo importante.

Henrry Ford decía: “¿Por qué cada vez que pido un par de manos vienen pegadas a un cerebro?”. Y es que, lo queramos o no, cuando contratamos a un ingeniero, a un albañil, a un camarero, a un dependiente, a un CEO,… no estamos contratando “roles” o “conocimientos y habilidades” en sí mimos; estamos contratando personas completas, con sentimientos, sueños, valores, experiencia de vida, familia, identidad propia, etc, (visión holística).

Si tomamos esto como piedra angular de nuestros proyectos, si ponemos conciencia en ello, podríamos implementar nuevos modelos organizativos y de gestión, en los que, como en el Renacimiento, “las personas sean la medida de todas las cosas”.

Debemos encaminar nuestros pasos hacia una nueva cultura laboral y empresarial en la que el poder esté más distribuido y por consiguiente también la responsabilidad. En la que la colaboración, la comunicación y el respeto a la diversidad de la gente sea el verdadero motor de la economía. En esto la Facilitación de procesos grupales puede ser un gran aliado.

(Alguna información proviene del libro “Reinventar las Organizaciones – F. Laloux”).

Ángel Rosendo.

3 comentarios en “El miedo es el cuarto más barato de la casa.

  1. Pues si. No tenemos más remedio que reinventarnos. Las personas hemos cambiado cientos de veces de paradigmas culturales y muchas veces obligados por las circunstancias, o arrastrados por la energía del campo grupal. Y en estas dinámicas el miedo, aunque aporte un valor también invitando a la prudencia, a veces ralentiza y entorpece el proceso más de lo deseable.

  2. Y como serian las relaciones entre las personas en ese contexto de grupos de trabajo? A mi me da miedo a veces tomar la responsabilidad por si lo hago mal o incluso a veces no se que hacer y prefiero que me lo digan y cumplir órdenes.

    • Hola Alfonso.
      Primero de todo, gracias por tu interés en este tema.
      A la primera pregunta es difícil de responder por aquí, porque, como bien dices depende del contexto específico de cada grupo de trabajo.
      Pero lo que me resulta muy interesante es la observación que expresas sobre tu propio caso. Si el post te ha dado que pensar creo que es un gran paso.
      Y, sí, has puesto el “dedo en la llaga”; asumir poder lleva implícito asumir responsabilidad.
      Aunque esto no es nada nuevo, tal vez sí lo es el enmarcar que estas situaciones también nos ayudan a conocernos a nosotros mismos, nuestros límites, nuestros miedos, etc. Como dice el refrán: “si quieres saber como es Pepillo, dale un carguillo”.
      Nada mejor que “sostener” los diferentes roles/puestos de una organización para, por un lado saber con qué funciones nos sentimos más cómodos y desde dónde queremos contribuir y, por el otro, para desde la conciencia de saber lo que supone “mandar”, no hacer críticas gratuitas.
      Si quieres aclarar más cosas me tienes a tu disposición.
      Ángel Rosendo.

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