Oigo voces en mi cabeza

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Un pequeño grupo de componentes de Facilitasana andamos preparando algunas actividades que queremos realizar en nuestra sede de Cartagena. En cuanto lo tengamos listo iremos dando a conocer la programación.

Hemos elegido un formato de actividad que consistirá en 2 “charlas” previas a un taller de mayor duración sobre diversos temas.

El primer tema que queremos abordar es el de la comunicación entre personas. Base de cualquier relación y fuente de muchísimos de los conflictos que surgen en nuestro día a día.

Hoy quiero poneros algún ejemplo de cómo la comunicación puede ser fuente de conflictos.

Imaginad por un momento a un pareja joven que han quedado y que establecen esta conversación al encontrarse:

  • “Hola, llegas un poco tarde”.
  • “Ya, es que mi madre me pidió que le trajera el pan”.
  • “Podías haberme avisado. Llevo aquí como 20 minutos”.
  • “Sí, lo que pasa es que con las prisas me dejé el móvil en casa y hasta que no regresé no lo pude coger”.
  • “Pues podías haberme enviado un WhatsApp nada más llegar o haberme dado un toque”.
  • “Ya pero, como hemos quedado cerca de casa, he preferido venir rápid@. Que vengo que se me va a salir el corazón por la boca”.
  • “Es que no piensas las cosas. Si nada más llegar me hubieses avisado no te tendrías que haber pegado esta carrera. Además, te lo tengo dicho, no me gusta nada que me hagan esperar. La próxima vez me voy”.
  • “Desde luego contigo no se sabe cómo acertar. Para ti no hago nunca nada bien”.

Como podréis ver esta es una conversación que cualquiera de nosotras podría tener en cualquier momento. Es algo que nuestras bocas y oídos podrían decir y escuchar. Así que lo importante está en lo que no decimos y oímos, lo que nuestras “voces en la cabeza” nos dicen a nosotras mismas.

¿Qué? ¿Qué vosotras no tenéis voces en vuestras cabezas? ¿A ver si voy a ser yo solo?

Pues bien, veamos que podrían decir esas voces en esta conversación. Estas suelen hablarnos a nosotras antes de que abramos la boca. Obviamente esto pasa sin darnos cuenta y en apenas una fracción de segundo. Las pongo en negrita para resaltarlas:

  • (Míra, aquí está. Menudas horitas).“Hola, llegas un poco tarde”.
  • (Ostias, vaya un careto avinagrado que tiene).“Ya, es que mi madre me pidió que le trajera el pan”.
  • (Ya estamos como siempre con las excusas).“Podías haberme avisado. Llevo aquí como 20 minutos”.
  • (A ver que le digo yo para que se le pase el mosqueo).“Sí, lo que pasa es que con las prisas me dejé el móvil en casa y hasta que no regresé no lo pude coger”.
  • (Es que es más tont@ que Pinchote).“Pues podías haberme enviado un WhatsApp nada más llegar o haberme dado un toque”.
  • (Nada, que no acierto. La próxima vez se va a dar la carrera su primo).“Ya pero, como hemos quedado cerca de casa, he preferido venir rápid@. Que vengo que se me va a salir el corazón por la boca”.
  • (Es que no escarmienta. No sé cómo lo hace pero siempre me hace esperar).“Es que no piensas las cosas. Si nada más llegar a casa me hubieses avisado no te tendrías que haber pegado esta carrera. Además, te lo tengo dicho, no me gusta nada que me hagan esperar. La próxima vez me voy”.
  • (Estoy hart@ de tanta intransigencia. A ver si se fuera de verdad y me dejara en paz de una puñetera vez).“Desde luego contigo no se sabe cómo acertar. Para ti no hago nunca nada bien”.

Analizar esta simple conversación de menos de 1 minuto podría darnos para mucho.

Hay algunas claves que nos da el lenguaje empleado. Por ejemplo, el uso de palabras como “siempre” o “nunca” que generalizan una acción puntual son siempre peligrosas. Incluso cuando algunas situaciones se repitan es mejor ser concretos y centrarse en los hechos del momento.

Los “siempre” o “nunca” etiquetan a las personas. Estos pueden ser nombrados o simplemente pensados. En cualquier caso, en nuestro ejemplo “siempre me hace esperar” o “nunca hago nada bien” son sinónimos de “es un/a tardón/a” o “soy tont@”. A su vez esto lleva implícito un “yo soy puntual” y un “yo soy más inteligente”. Juicios, juicios y más juicios que se perciben sí o sí como un ataque. Y… ¿qué hacemos cuando nos sentimos atacados?

La clave para gestionar esta situación, y cualquier otra, está en las “voces” ocultas que nos hablan de las necesidades que están en juego. ¿Cuáles podrían ser en este caso? Se me ocurren que las principales podrían ser el respeto y la comprensión. Respeto para quien ha sido puntual y se ha organizado para estar allí a tiempo. Comprensión para quien se retrasa por un imprevisto.

Posiblemente si al llegar la persona retrasada hubiera expresado congruentemente su pena por el retraso (muestra de respeto), esto hubiera desactivado bastante la energía confrontativa de quien esperaba. Sin esta desactivación difícilmente habría predisposición para escuchar y entender los motivos de quien se ha retrasado (muestra de comprensión).

Hago hincapié en la palabra “congruentemente” pues el lenguaje no verbal nos traiciona constantemente. Recordad que el 80% de lo que comunicamos lo hacemos a través de él. En este caso no se puede pedir disculpas si de verdad no te sientes apenado.

Por último el contexto puede influir también en la respuesta emocional que se podría haber dado. No sería para nada igual si la persona que espera tiene una cita urgente a la que acudir para una entrevista de trabajo y está impaciente por que no se le haga tarde, a si está pensando en terminar su relación con la persona a la que espera y no sabe muy bien cómo decírselo. En el primero de los casos la conversación podría parecerse más a la que he puesto de ejemplo o ser incluso más airada. En el segundo, tal vez todo se habría solucionado con un… “no importa, me ha venido bien porque tengo que hablar contigo”.

Pues nada, si estos temas os interesan en breve podéis acudir a nuestras charlas y talleres. Os mantendré al tanto.

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