Mediación y Facilitación todas a una.

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Próximamente tengo que co-facilitar en un proceso de mediación que está gestionando una compañera de Facilitasana.

Algunas de las personas de nuestra asociación, además de ser facilitadoras de procesos de grupo, también estamos formadas en mediación civil y mercantil. Es verdad que son disciplinas diferentes pero encajan perfectamente la una en la otra.

Si revisáis la entrada de mi video blog “Grupo, definición de una realidad” en la que explicaba el concepto de grupo a ojos vista de la facilitación, entenderéis que, para nosotras, dos personas ya pueden constituir un grupo.

Por esto, aunque la mediación trabaja normalmente con dos partes, también aquí podemos usar algunos de los conocimientos que aplicamos a los grupos constituidos por más de un par de personas.

De hecho, unas de las “herramientas” que encajan a la perfección es la CNV (Comunicación No Violenta) diseñada y desarrollada por Marshall Rosenberg.

Él decía (tristemente murió hace unos años) que era capaz de resolver cualquier conflicto en veinte minutos. Pero con una condición: veinte minutos después de que las partes hubieran reconocido y conectado con las verdaderas necesidades que están en juego en el conflicto.

A esto yo le sumaría una de las condiciones básicas de la mediación. Esta dice que: para poder mediar, debe haber una verdadera voluntad de resolver el conflicto por las personas en liza.

No seamos ingenuos. Dice el refrán: “dos no se pelean si uno no quiere”. Así mismo, tampoco podremos resolver ningún conflicto, ya sea interpersonal o grupal, si las personas implicadas no están verdaderamente dispuestas a ello.

Muchas veces, se llega a esta disposición de querer resolver un conflicto cuando ya ha habido mucho sufrimiento. Este se hace insoportable de sostener y sí o sí hay que encontrar una salida (véase mi entrada “Aires de guerra”). También cuando simplemente, el proyecto o el vínculo es tan importante para la gente implicada, que saben que si no resuelven corren el peligro de que todo se vaya al traste. Naturalmente estoy pensando en una salida no violenta, a las otras y sus consecuencias ya estamos bastante acostumbrados.

En todos estos casos, la mediación y la facilitación pueden resultar de gran ayuda.

Ante los conflictos las personas podemos reaccionar de diferentes formas. Estas dependerán de numerosos factores, tema que abordaré en mi próximo video tutorial de “Apuntes de teoría”. Por esto, cuando desde la facilitación trabajamos con ellos no nos gusta decir que “resolvemos conflictos” sino que “gestionamos conflictos”.

El resultado de esta gestión es siempre incierto. Pero desde nuestro punto de vista lo más importante es el proceso en sí. Conseguir desde el diálogo la empatía entre las partes poniendo de relieve, como decía M.Rosenberg, las verdaderas necesidades que están en juego, constituye el verdadero punto de inflexión del proceso. Cualquier paso que se da en este sentido, ya es un logro en sí mismo.

Siguiendo las ideas de Arnold Mindell, los conflictos los encaramos como una oportunidad. O como dice mi profesora de “Trabajo de Procesos” Ana Rhodes, son la presión evolutiva que nos trae conciencia sobre nuestros límites y los de los demás. Que nos sitúa ante ellos “obligándonos” a tomar acción en un proceso que, bien gestionado, profundiza en nuestro auto-conocimiento y el del prójimo.

Teniendo en cuenta todo esto podemos decir que la cuestión no es no tener conflictos, sino hacer una buena gestión de los mismos. Porque ¿quién puede decir que no ha tenido un conflicto en su vida?

Ya que nos han acompañado y nos acompañarán en nuestra vida… ¡aprendamos a gestionarlos!

Dedicado a Ana Rhodes.

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