Algo se muere en el alma…

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Este pasado fin de semana tuvimos uno de nuestros encuentros presenciales de Facilitasana una asociación a la que pertenezco.

En nuestro propio grupo ponemos en práctica y aplicamos las teorías y herramientas que usamos cuando abordamos el trabajo con otras organizaciones. Nosotros no seguimos el dicho de “en casa de herrero cuchara de palo”.

Así que teníamos una cargada agenda de trabajo que incluía, como suele ser habitual en estas ocasiones, tiempo para conectar entre nosotras (espacio de conexión), tiempo para pensar juntas sobre diversos temas (espacio de indagación colectiva), tiempo para sacar a la luz las cosas que nos resultan incómodas o nos molestan tanto de otras compañeras como de nuestras normas o estructuras (espacio de gestión emocional) y por supuesto, tiempo para tomar decisiones (espacio de gobernanza).

Pero en esta ocasión se sumaba un “espacio” más. Un tiempo para despedir a un miembro del grupo que se marcha a vivir al norte de España.

Habíamos preparado con mucho cariño la fiesta de despedida que haríamos a la hora de la cena y los regalos que le entregaríamos en ella.

Algunas de las divertidas cosas que hicimos no las puedo contar aquí y quedan para nuestra privacidad. Pero sí que puedo nombrar lo que para para mí fue el presente más bonito: un coqueto recipiente de cristal en el que todos los compañeros habíamos depositando un buen montón de pequeños papelitos enrollados y atados con un cordelito.

En cada uno de ellos habíamos escrito un deseo para su nueva etapa norteña, pero le habíamos propuesto una cosa. Que cada vez que se acordara de nosotros extrajera uno, y sólo uno, de estos papeles, confiando en que lo que leyera le pudiera servir para ese momento. Estábamos invocando a lo que en Trabajo de Procesos llamamos “canal mundo”.

Os preguntaréis, por qué cuento todo esto. La razón hace al caso de lo importante que es para cualquier equipo u organización el honrar la salida de sus miembros.

Es mucho más frecuente cuidar y establecer un proceso de entrada para nuevos socios, trabajadores, cooperativistas, etc, que pensar el algo similar a la hora de que alguna persona “abandone el barco”.

Incluso en grupos informales, como pueden ser las pandillas de amigos, suele darse algún proceso de inclusión, normalmente no estructurado, en el que como grupo empezamos a sentir que esa persona está o no dentro.

Pero ¿qué pasa con las despedidas? ¿Por qué nos cuesta tanto decir adiós? ¿Por qué no preparamos estructuras que acompañen estos momentos?

Desde mi punto de vista, creo que una posible respuesta a estas preguntas tiene que ver con el evitar el dolor, la tristeza, el desaliento, la pena, etc. Todas ellas son emociones de las que tratamos alejarnos lo más posible y que, lo queramos o no, nos persiguen a donde quiera que “huyamos”.

No hace tanto, en el primer aniversario de la muerte de mi suegro, propuse realizar una dinámica familiar para honrar su vida y su ausencia. Hablamos entre nosotros de cómo habíamos vivido este año sin él y recordamos colectivamente acontecimientos que habíamos compartido. Puedo decir que fue uno de los momentos más hermosos que hemos podido vivir como familia y que nos ayudó a dar un gran paso colectivo en nuestro proceso individual de duelo.

Normalmente nos cuesta mucho sostener el ver que alguien está triste, o que rompe a llorar. Suele ocurrirnos en esos casos que rápidamente minimizamos lo que provoca esas emociones, o tratamos de consolar o incluso distraer a la persona que se expresa desde ahí.

Nuestra propuesta es siempre permitir y permitirnos que estas emociones afloren. No sólo eso, sino que animamos a compartirlas con las personas que nos rodean y en los grupos con los que trabajamos.

Estamos convencidos de que es la mejor manera de conectarnos entre nosotros; de reconocernos como personas; de vernos reflejados los unos en los otros y reconocer lo que en esencia nos une a todos.

No obstante, he de reconocer, que también nosotros tuvimos cierta dificultad con este tema. Pero, finalmente, este fin de semana, quizás de una manera torpe, pudimos decirle adiós de forma colectiva a un gran compañero.

Sirva esta entrada para honrar toda la entrega y cariño que ha puesto en el proyecto, que estamos seguros apoyará en la distancia.

Ángel Rosendo (dedicado a Pierre)

6 comentarios en “Algo se muere en el alma…

  1. Me ha encantado tu entrada, emocionado, ayudado a reflexionar y regalado una herramienta para poder gestionar despedidas, sean del tipo que sean. Muchas gracias por compartir tan de alma. Me tienes enganchada…esperando tu siguiente escrito. Gracias.

  2. Gracias Angel. Sí, muy muy lindo regalo ya que es tan personal, tan representativo de Facilitasana. Lo tengo bien guardado. Y acertada reflexion. Enhorabuena por haber honrado la vida y la ausencia de tu suegro en familia. Un fuerte abrazo.

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